9 compositores cuyo nombre deberías conocer.

Ritmo, melodía, armonía y matices. Estos cuatro elementos componen uno de los productos culturales de origen más remoto e inaudito: la música. Su etimología, composición, clasificación y constante evolución engrosan una ya muy prolongada lista que, a pesar de la difícil innovación—predominando renovación en pos de transformación de elementos existentes—sigue siendo digna de análisis. La música per se es un estímulo, un fenómeno que enfatiza los sentimientos y animosidad del individuo. Sin embargo, sus creadores son frecuentemente desconocidos cuando se halla dentro producciones audiovisuales. Sobre todo cuando hablamos de anime. Entonces, ¿son importantes? Bueno…sí, claro que lo son. Pero, ¿por qué?

En primer lugar, hagamos un flashback: ¿cómo llegó al medio audiovisual eso de “banda sonora” y por qué es necesaria?

Para tratar de contestar a lo primero debemos volver en torno al siglo XII, en donde surgió un género de música teatral de origen europeo llamado ‘Ópera’. Éste compendiaba música, canto, poesía, artes plásticas, danza… Todo ello, acuñado de géneros limítrofes como la ‘mascarada’ o la ‘zarzuela’. También poseía un gran catálogo de géneros con rica variedad de características; pero, el elemento del que hemos venido a hablar es sólo uno.

En la Ópera, la música era utilizado por los compositores, hombres muy diestros y duchos en experiencia, que utilizaban su poder sugestivo mediante la manipulación de ritmos, tonos, melodías y matices, de manera que fuesen creados entornos particulares que reflejasen el tono de la obra. Para esto se empleaba el famoso ‘leitmotif’, el cual se define como “una melodía corta y recurrente que se puede asociar con una persona particular, una idea o un lugar”.

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Por fin alguien encuentra a Kaworu.

Ahora saltemos a 1896,  gracias a nuestro amigo Edison y su Quinetófono los norteamericanos pueden comenzar a implementar bandas sonoras a las películas—o intentarlo—. Conforme pasa el tiempo se mejora el sistema y en los 50 hay un apogeo con Singin’ on the Rain, precedido de un período de decadencia y luego el actual resurgir de los últimos 30 años.

¿Pero por qué todo esto de la Ópera entonces? El leitmotif es una de las herramientas más utilizadas en las bandas sonoras. Y esto va en consonancia tanto para la filmografía (El puente sobre el río Kwai) como para la animación (Up). A través de él, se trata de enfatizar la ambientación o contextualización de algo, de maneras que el guión o el apartado visual no pueden alcanzar por si solos.

Así pues, todo esto se puede traducir a la industria de animación en Japón, ya que allí es un hecho de suma relevancia gracias a la importancia nacional de la que goza. Con la emisión de anime tanto en cines como en teatros, se le da la misma importancia a una banda sonora como en cualquier peli de Hollywood. Por lo tanto, es normal que las bandas sonoras de anime sean obras de calidad. En consecuencia, los compositores no suelen comenzar en el anime de por si, sino que la mayoría se tiene que labrar el camino adquiriendo fama y experiencia por algún trabajo en el ámbito cinematográfico, videojugabilístico o en el Drama telenovelesco. Por lo menos hasta que reciben la oportunidad para participar en el en medio 2D.

Volviendo a lo del leitmotif, no todos consiguen crear esta atmósfera que produce una más fácil suspensión de la incredulidad. Como todo en la vida, sólo los compositores con un talento primordial consiguen sacar todo el jugo necesario para ello. Y, según qué compositor, cambia tanto la visión del leimotif como su apreciación.

Es un señor entrañable.

Uno de los compositores más sonados y que es un claro ejemplo del uso del leimotif es Joe Hisaishi. Nacido en Nagano con el nombre de Mamoru Fujisawa, Hisaishi comenzó a tomar lecciones de violín a los 5 años y, a día de hoy, es responsable de unas 100 bandas sonoras además de varios álbumes independientes publicados; si bien es conocido por su participación en las películas de Ghibli y, por lo tanto, por su faceta clásica.

Sin duda alguna, la película más importante y abundante de su repertorio es “El viaje de Chihiro”, donde plasma sus mejores y más acertados motifs temáticos.

En cuanto a la metodología que utiliza, es el propio Hisaishi el que afirma en una entrevista que: «el proceso básico de nuestra relación de trabajo no ha cambiado desde 1984. Yo siempre hago una “Imagen de Álbum” antes de poner mi música en la banda sonora final de la película». Con las “Imágenes de Álbumes” se refiere a previews de tres a cinco minutos que tienen un claro motif y cuyas piezas son asignadas y probadas junto a diferentes temas de la película. Es relevante mencionar que a lo largo de su vida Hisaishi ha ganado siete veces el premio de la Academia Japonesa a Mejor Música, siendo reconocido tanto a nivel nacional como internacional como un compositor excelente.

En trazos generales su creación vislumbra un punto de confluencia que contextualiza todo el universo ghibliano y hace que su estilo clásico orquestado sea uno de los más valorados de todo Japón. Sus composiciones suelen comenzar con un motivo temático simple, que representa algo (por ejemplo, en “El Viento se Levanta” el viento) que luego va engrosando con capas de complejidad gradual, tanto instrumental como corista. Y todo esto sin perder una armonía general, que es lo que caracteriza esa ambientación tan espiritual y libre. Algo achacable a su forma de componer es que debido a la necesidad de que perdure esta armonía ghibliana, Hisaishi vuelve con asiduidad a tonos semejantes a los ya utilizados en anteriores bandas sonoras.

Otro de los compositores más reconocidos en el mundillo es la inigualable Yoko Kanno.

Nativa de Miyagi e influenciada por artistas de la música impresionista, Kanno estudió Literatura Japonesa en la Universidad de Waseda, se unió como pianista a un grupo llamado Wetsu 100% y gracias a ello comenzó a abrir puertas, siendo contratada para la composición de anuncios y series. Más tarde, comenzó a componer para videojuegos, llegando finalmente en el 94 al anime con su primer gran trabajo: la banda sonora de Macross Plus. He de matizar que Kanno no es para nada una compositora ‘normal’. Un ejemplo es su historia con Cowboy Bebop—su ópera prima—, cuya banda sonora compuso parcialmente un año antes de que el título fuese siquiera concebido, llegando incluso a formar una banda para ello (The Seatbelts).

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Te “seduse” con la mirada.

Esto demuestra una implicación en el proyecto inusual; muchísimo mayor que la de cualquier otro compositor estándar. Ella misma ha admitido que le gusta debatir con productores y directores porque «…la mayoría de ellos no son fáciles de entender. Es estimulante. El anime japonés no es vasto ni parlamentario como las películas de Hollywood. Sólo hay un pequeño número de personas con un talento excepcional implicadas en la realización del proyecto, y creo que eso es lo que hace al anime tan bueno».

Su intensa participación rivaliza con sus deseos de renovación, los cuales la llevan a escudriñar formas originales de innovar para con la tematización que circunda a la obra concerniente. Eco de ello es el origen de su música, que atestigua que no sólo proviene de una imaginación inmensa, sino que también del moldeo de sus propias vivencias—véase la banda sonora de Zankyou no Terror, creada y grabada en Islandia—.

Hablando ya de cara al contorno musical, en la mayoría de las escenas en las que su música suena hay una mayor disposición hacia que lo visual acompañe a la banda sonora y no al revés. Es decir, las escenas parecen estar diseñadas para girar en torno a la música, como si de AMVs se tratase. Y es que el afán de protagonismo de la Kannomúsica es un referente musical, donde sobresale un tremendismo, un impacto.  Muchas de las técnicas que emplea; como usar tonos orquestados rápidos para evocar la tensión de una pelea, canciones que comienzan a capella para enfatizar un cambio en el tono o incluso el cambio a música más experimental en cuanto la obra comienza a flirtear con el surrealismo; están destinadas a provocar atención y asombro en el espectador, así como a una clara acentuación de la ambientación.  Y lo consiguen completamente.

A su vez, Kanno no tiene una sola cara en cuanto a creación musical. Gracias a su ya recalcada renovación recurrente, ha creado tanto música tecno, como experimental, funkie, blues, jazz…y una innumerable cantidad de géneros más que la vuelve, cuanto menos, polimusical. A mi modo de ver, es a través de su trabajo en torno a género próximos al jazz y al blues en donde ha acuñado su sello propio. Estoy hablando, por supuesto, de Cowboy Bebop y Sakamichi no Apollon, donde su composición ha alcanzado niveles de calidad pasmosos.

Los leitmotifs también están presentes en su música, pero no son tan discernibles como en la de Hisaishi, cosa que es natural porque Kanno es una maestra de la melodía mientras que Hisaishi lo es de la armonía.

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Tiene cara de haber visto a Kirino.

Si de gente con talento he de hablar, qué menos que mentar a Susumu Hirasawa, compositor de Berserk y toda obra de Satoshi Kon. Fanático del electropop y rarito de cojones a tiempo parcial, Hirasawa nació en Tokyo en el 54. En los primeros estratos de su carrera fue parte de un grupo de rock progresivo llamado Mandrake e influído directamente por Yes (los de Roundabout de Jojo’s). Luego y junto a dos participantes del grupo previo formarían otro grupo—esta vez de tecnopop— llamado P-Model, hasta que finalmente en el 89 comenzaría a trabajar en solitario. Está inspirado por música tailandesa y sus composiciones están basadas en conceptos como la filosofía del yin y el yang, la lucha de los humanos y las máquinas y la filosofía analítica. Pero bueno, en lo estrictamente musical, Hirasawa es… peculiar.

Por lo general, sus canciones están impresas con su voz cantante acompañada de ritmos extraños con un instrumental—que habitualmente son guitarras junto a elementos de electrónica que emplea el propio Hirasawa—. En primera instancia parecería que la canción no funciona, pero el cúmulo de sensaciones que produce  su música es del todo indescriptible. Es una experiencia abstracta pero maravillosa, que contextualiza un caos controlado teñido por rasgos existencialistas. Lo cual, parece maquillar singularmente los filmes creado por Kon y sobretodo el primer anime de Berserk. Qué mejor que lo oigas tocar a él SOLO en uno de sus temas más memorables y juzgues por ti mismo.

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Lo que también es una experiencia abstracta pero maravillosa es la escucha de todo lo que hace Kensuke Ushio, uno de los compositores más críticamente aplaudidos del panorama actual. Su trabajo en Space Dandy y Ping Pong The Animation ha conseguido ser representativo con la implementación de música electrónica a la animación de manera muy plausible. Si bien ya existían predecesores que habían allanado el camino de la electrónica—como el ya mencionado Susumu Hirasawa—Ushio tiene pinta de ser la gran revolución de los próximos años en cuanto a bandas sonoras particulares. Y en breve lo disfrutaremos con la película de Koe no Katachi, en la que participa como compositor principal.

Aquí hablaremos de ritmos carismáticos y demasiado entusiastas que nada le tienen que envidiar a Initial D. Riffs rockeros sintetizados, electrónica-pop por un tubo y muchos coros rarunos ambientan el corazón del remixer más acérrimo, nuestro Ushio. Todo esto junto forma una suerte de tejemaneje musical que consigue plasmar a la perfección la tensión, entusiasmo, locura y pusilanimidad que representan los mejores momentos de la adaptación de Taiyo Matsumoto. En este caso, no hay una conexión clara, un leitmotif, ni una armonía coherente, ni, tampoco, se utilizan técnicas para atrapar al oyente, pero sí que existe una clara intención interválica y rompedora, que está dedicada a sonar de manera dinámica, acompañando la futilidad de los partidos de ping pong y, en este caso, haciéndolos sobresalir. Todo gracias a una intensa rítmica, eco de una banda sonora de calidad.tumblr_n4jpnmTNqT1qh6swzo1_500

Por otro lado y yendo a una escala más underground, nos encontramos con Taku Iwasaki, uno de los compositores más representativos en cuanto a “música rítmica cuyo poder de motivación es ilimitado”.26705

La banda sonora de Gurren Lagann es uno de los muchos ejemplos de su extenso currículo, en el que también figuran títulos como Noragami, Jojo’s Parte 2 y Katanagatari. Pianista nato en Tokyo y graduado en la Universidad Nacional de Música, es reconocido en el medio por su tendencia al estilo jazzero (cómo no). La música de Iwasaki no es muy ducha en la sutileza, pero adopta un halo bombástico, dramático, romántico y jazzero que se adapta en función del tono necesario, lo que resulta en una obra rezumada por ambientación plena y original.

El énfasis en el sentimiento y la tendencia a la mezcla de géneros—gracias a una larga evolución en su paso por el medio—son unos habituales en su labor creativa. Esto lo lleva a disfrutar de un prisma musical muy carismático: rap, jazz, música clásica, electrónica, rock, tecno y música New age rondan y conforman el pan de cada día en sus composiciones.

Ninguno de sus trabajos es una auténtica revolución, pero sí que funcionan perfectamente y elevan muy fuertemente la tónica del ambiente. Si la música subraya la historia, Iwasaki es uno de los principales compositores en conseguirlo casi siempre. Quizá uno de los mayores problemas de Iwasaki es una memorable inconsistencia musical que dependiendo de la obra resalta demasiado.

APrgQXCAl lado de Iwasaki tengo que poner a otro pianista cuyo rango de bandas sonoras es demasiado respetado como para no mencionar. Exactamente, hablo de Hiroyuki Sawano, el compositor de Shingeki no Kyojin y Kill la Kill. Sawano saltó a la fama en 2006 cuando compuso la bso del live-action de Team Medical Dragon. A partir de ahí ha hecho trabajos como loco y ahora mismo está representado por Legendoor (una empresa de producción musical).

Aunque sus canciones a piano sean muy buenas, el fuerte de Sawano reside en composiciones del estilo Iwasaki, aunque mucho más fundamentadas en el campo corista y electrónico. Su música integra un conjunto sólido y consistente—a diferencia de Iwasaki—, aunque a menudo cae en sonidos semejantes y tiene poco rango de innovación. Probablemente sea uno de los mejores compositores actuales en cuanto a ambientación de escenas de acción, cosa que demuestra en todas y cada una de sus creaciones.

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Otro compositor con un marcado estilo de cara a la ‘motivación’ es Yuuki Hayashi, muy reconocido en el panorama actual por sus trabajos en Haiikyu y Boku no Hero Academia. Salido de la gimnasia rítmica, Hayashi comenzó a componer cuando desarrolló piezas musicales para gimnasios. Lo que comenzó como un pasatiempo pronto se tornaría en una carrera musical conforme le fueron llegando ofertas. Y su intensidad sería llevada al extremo en su primer trabajo importante, Robotics; Notes. Tras un gran comienzo le seguirían muchos trabajos notorios, como Gundam Build Fighters y su secuela Fighters Try, Classroom Crisis, las temporadas de Haiikyu, Kiznaiver o BnHA—que hasta la fecha es su mejor trabajo—.

Hayashi tiende a la creación de música inmersiva con ritmos rápidos y muy presentes, que dependiendo de la canción se tornan pausados y comedidos o potentes y emocionantes. No suele salirse del esquema clásico, aunque coquetea de vez en cuando con la electrónica, el rap y el rock. Su mayor contra es que la música consigue una elucubración escénica importante pero no engrandece ni caracteriza el entorno.

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Si fuese alpinista se llamaría OsHimalaya.

En un ámbito de música más suave y colorido tenemos a la senior Michiru Oshima, la encargada de hacer bandas sonoras del caché de The Tatami Galaxy o Little Witch Academia. Su participación en la composición también es muy notable en el mundo del videojuego, con ejemplos como ICO o Legend of Legaia. Es también conocida por su trabajo con las películas de Godzilla, las cuales le han acarreado la consideración de mejor compositora de la saga junto a Akira Ifukube.

Graduada en la Universidad de música de Kunitachi, su inspiración es claramente neoclásica con tendencia a la épica. Oshima es una maestra en la creación de música tranquilita, protagonizada por el violín, el piano o ambos en dueto—como si de una conversación se tratase—. Ejemplo de esto, es su conocida ópera prima, Brothers de Fullmetal Alchemist, donde consigue encapsular perfectamente la esfera dramática sobre la que se ubica el primer anime.

173003Por último, volviendo al jazz y al rango de compositores más novatos, está Kana Shibue. Con sólo 25 años, ha compuesto en alguna serie de televisión y obras de radio-teatro varias. Sin embargo, fue con su primer trabajo en el campo animado (Shōwa Genroku Rakugo Shinjuu) cuando por fin consiguió reconocimiento. Y, ¡vaya debut! Ha sacado una banda sonora que ha dejado patidifuso a todo el mundo. Y no es para menos, ya que la calidad de su trabajo es apabullante. Pianista y compositora graduada en la Universidad de música de Tokyo, asistía a esta misma como pianista regular además de a conciertos varios de la Kunitachi New Jazz Orchestra—los cuales aún se pueden encontrar por Youtube —.

En su estilo se incorpora una clara predisposición al jazz, que no hace menos que ambientar a la perfección la época—en este caso—de Rakugo. Su música se caracteriza por ser generalmente muy limpia y rítmica, siendo las canciones que incorporan el piano las más sobresalientes. Quizá podríamos hallarnos ante la próxima Yoko Kanno. Estoy expectante ante sus próximos trabajos.

A través de toda esta gente que representa tanto el pasado, presente y futuro de la música en el anime y donde se distinguen caminos y visiones distintas, podemos observar que requiere mucho talento el hacer una banda sonora decente. ¿Son importantes? Imagina por un momento lo que sería Cowboy Bebop sin Tank!, o Totoro sin Path of the Wind o Berserk sin Forces. Una banda sonora bien compuesta eleva todo lo que transmiten los personajes y, es necesaria para poder conseguir disfrutar de una manera íntegra del producto audiovisual. Si no, no sería ‘audio’visual.

Y estos no son, ni mucho menos todas las elecciones posibles en cuanto a compositores. Sólo son mis favoritos. También existe gente como Yuki Kajiura, Shiro Sagisu, Yoshino Yuuji, Hajime Hyakkoku o Tanaka Kouhei, por poner otros ejemplos. Compositores que constantemente crean más y mejores trabajos y que también son meritorios de reconocimiento. Y creo que, debemos recordar y visibilizar más a este tipo de gente, porque no sólo importa el director. Y ya sé que es la cara más visible, pero bajo su batuta hay muchísima gente esforzándose que merece el mismo reconocimiento.

En este caso, hemos hablado de cómo la música produce un énfasis al que el guión no llega. Si la escena pierde ese énfasis, pierde un trocito de su alma. Pierde lo que la hace memorable. La música es esa parte que completa el todo, pero sin la que el todo no tendría trascendencia.

Y bajo las manos de nuestros amigos los músicos, está estructurado esto. Así que, la próxima vez que veas una escena memorable de un anime que te encante, escucha lo que hay de fondo y recuerda: La música importa. Pero también importa el que la hace.

 

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