Efemérides de un confinamiento

Tremendo año se nos está quedando, ¿no? Poca broma con el giro tan drástico que han pegado los acontecimientos. No pintaba bien la cosa ya con ese enero interminable, en donde parecía que si no nos moríamos por el calentamiento global, sería por el estallido de la tercera guerra mundial. Lejos queda ahora ese conjunto de preocupaciones —ya casi rutinarias — en un tiempo tan negro como el alquitrán, en donde solo se habla de un virus y de una situación económica complicada. Eso sí, si algo nos ha dejado el confinamiento, además de la piel pálida y el hábito sedentario, es tiempo libre.

En mi caso, el confinamiento resultó ser toda una prueba de fuego en la que dilucidaba cuan capaz era de mantenerme cuerdo mientras la intentona de sostener hábitos saludables durante más de tres días seguidos se derrumbaba cada vez. Tampoco me escondo, no es que fuese un adonis de la productividad antes de que todo esto empezase; al fin y al cabo, los encerrados lo somos a tiempo completo. No obstante, la suerte de libertad condicionada de la que gozamos hoy en día es una movida. Así que, he decidido levantar voluntariamente la tapa del vetusto baúl que componen estas polvorientas instalaciones y emplear un buen montón de letras para hablaros de mis movidas.

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